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Una mágica película de fantasía del año 1982 hecha íntegramente con marionetas y animatrónica, «The Dark Crystal» es un clásico de culto de Jim Henson como director y Frank Oz en la producción, con diseño de personajes y criaturas del británico Brian Froud, el genial artista conceptual que también aportó su talento a otra maravilla de Henson como «Dentro del laberinto«.
Este cuento de hadas nos contaba como en otra época, el Cristal Oscuro, una fuente de equilibrio y verdad en el universo, se rompió y dividió el mundo en dos facciones: los malvados skekses y los pacíficos místicos. Ahora, cuando se acerca la convergencia de los tres soles, el cristal quebrado debe repararse o la oscuridad reinará para siempre. Todo depende de Jen, el último de su raza, que debe cumplir con la profecía que dice que un gelfling devolverá el pedazo perdido del cristal y destruirá el imperio malvado de los skekses. ¿Estará el valor del joven Jen, que contará con la ayuda de unos pocos pero fieles aliados, a la altura de los peligros que lo esperan?
Los skeksis, los místicos, Aughra, los gelflings, los garthim,… Seres fantásticos que cobraron vida en una época pre-CGI pero que nos siguen resultando fascinantes. Indispensable, inolvidable, irrepetible.
¿Irrepetible? Recientemente, de la mano de Netflix, «Cristal Oscuro. La Era de la Resistencia» nos ha permitido regresar a las tierras de Thra. Hasta hoy nos habíamos conformado con rumores que alimentaban nuestra ilusión, un intento fallido de secuela que acabó en forma de cómic, libros de arte del trabajo de Brian Froud y revisionados periódicos del clásico del cine fantástico de los años ochenta.

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