Muchos cómics han fabulado con un mundo post-apocalíptico en el que la humanidad sobrevive diezmada y escondida, acechada por monstruosas criaturas que los persiguen y los cazan. Demasiados cómics parecidos. La primera entrega de “Criaturas” de Djief y Stéphane Betbeder sigue los mismos conceptos, desarrolla ideas parecidas, con la singularidad de que se insinúan influencias de la obra de H.P. Lovecraft que se confirmarán, supongo, en las próximas entregas.

Nueva York, en un futuro apocalíptico cercano. Reina el caos y una extraña niebla ha cubierto la ciudad, convirtiendo a las personas que la inhalaron en zombis.
Unos años después del desastre un pequeño grupo de niños sobrevive en este universo donde pululan los enemigos, primero los no-muertos ávidos de azúcar, luego los hombres con cabezas de pulpo, Yog-Sothot, a quien muchos evocan con terror, sin mencionar a los otros supervivientes, todos los cuales compiten por los escasos recursos.

El mundo se acaba. Todo apunta a que seremos nosotros mismos los que provocaremos el apocalipsis, con ese maldito cambio climático al que no sabemos (o algunos no quieren) poner freno o el regreso del fascismo y sus ideas expansionistas y belicistas, pero no hay que descartar la intervención de elementos externos, como un virus (una mutación del Covid tiene todos los números de la rifa), un asteroide errante, o incluso la invasión de una raza extraterrestre con intenciones hostiles. Sea como sea, el fin del mundo es una posibilidad que no debemos descartar y por eso muchos creadores especulan sobre ello. El cine, la literatura y el cómic han fantaseado con ello, sobre el cómo y sobre el después, haciendo sus propias conjeturas acerca de los motivos y las consecuencias.

La primera entrega de “Criaturas” se titula “La ciudad que nunca duerme“, “Créatures 1: La ville qui ne dort jamais” en su edición original en francés publicada por Dupuis en enero del 2021. Escrita por el francés Stéphane Betbeder y dibujada por el canadiense Jean-François Bergeron ‘Djief’, nos traslada a la ciudad de Nueva York tras un acontecimiento catastrófico que ha dejado la ciudad patas arriba. Una extraña niebla ha convertido a la mayoría de neoyorquinos en muertos vivientes, y unos pocos supervivientes intentan seguir vivos. Estos son, en su mayor parte, jóvenes y adolescentes que se esconden y, cuando pueden, se escabullen entre las ruinas de la Gran Manzana en busca de alimentos mientras intentan evitar a los adultos, convertidos en zombis (sedientos de azúcar) y dominados por una extraña criatura tentacular.
En este mundo en ruinas los niños, emancipados a la fuerza, deben valerse por sí mismos deben garantizar su supervivencia. Algunos se organizan solos, como Vainilla y su hermanito albino Minus, y otros forman pequeñas bandas para salir adelante. Es el caso de Topo, que se cuela en la biblioteca secreta de un viejo superviviente para robarle algunos libros, de Jefe y Cara Sucia, que siguen los pasos de Vainilla cuando la descubren empujando un carro de la compra lleno de comida, o de Testo, hermano de Topo y líder frustrado, que han unido fuerzas en la adversidad en la antaño populosa Nueva York, donde parece que tengan que suceder todas las historias del mundo.

Criaturas 1: La ciudad que nunca duerme” es un déjà vu, pues nos cuenta una historia que no es nueva y que utiliza elementos tópicos: niños solos que se organizan para salir adelante (“Solos” de Fabien Vehlmann o “El señor de las moscas” de William Golding), supervivencia en un mundo apocalíptico (hay ejemplos a montones, desde la película “Yo soy leyenda” de Francis Lawrence hasta “The walking dead” de Robert Kirkman), niños con poderes extraños (“Harmony” de Mathieu Reynès o la serie de televisión “Stranger Things“),… También es cierto que el giro hacia el universo lovecraftiano nos abre un escenario más sorprendente que puede tener mucho interés. Lo veremos en la segunda parte, titulada “La grande nuit” y publicada en agosto del 2021, que nos contará como, a medida que la niebla de la misteriosa deidad Yog-Sothoth continúa cubriendo Nueva York y zombificando a quienes la respiran, todos los niños supervivientes se irán por caminos separados siguiendo sus propio interés, aunque a ninguno de ellos le irá nada bien sin los otros.

En resumen “Criaturas 1: La ciudad que nunca duerme” es un buen principio, un punto de partida prometedor, aunque deja algunos interrogantes abiertos sobre los derroteros que seguirá el relato y algunas dudas sobre la relevancia de esta obra que solamente se irán desvelando en próximas entregas. Es un hecho que los personajes están bien definidos, que el dibujo de Djief es excelente y borda la ambientación post-apocalíptica, que la propuesta de Stéphane Betbeder coge lo mejor del género y de “Los Ladrones de Cuerpos” de Jack Finney (y sus adaptaciones cinematográficas), y que la insinuación de estar en una obra sumergida en el imaginario de H.P. Lovecraft son algunas de las fortalezas de este cómic que lo convierten en una propuesta muy interesante.

Criaturas 1: La ciudad que nunca duerme
Autores: Djief y Stéphane Betbeder
ISBN: 978-84-17989-89-7
Formato: 27x19cm. Cartoné. Color
Páginas: 72
Precio: 18,00 euros