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Basada en la novela homónima de André Aciman (2007) la película parte de un guión muy personal de James Ivory, conocido director británico que firmó en los 80’s y 90’s algunos de los dramas románticos de época más exquisitos en su aspecto formal como «Una habitación con vistas» (1985), «Regreso a Howards End» (1992) o «Lo que queda del día» (1993). En realidad esta película tiene mucho de él, por la exquisita ambientación en la Toscana de 1983, por la sutileza y elegancia con la que cuenta lo que cuenta y por la belleza formal con la que se construye la puesta en escena. Cuenta la soterrada atracción personal entre un joven de diecisiete años y el asistente de su padre y lo hace con una desbordante sensibilidad que logra conmover a cualquiera. Enarbolar banderas no siempre es la mejor forma de reivindicarse y esta película lo demuestra haciéndonos partícipes de sentimientos reprimidos, logrando que empaticemos con sus protagonistas y que lleguemos a entender su deseo, alternando alegrías y tristezas en un marcado tono agridulce que lo impregna todo. Película y actores fueron aclamados como una de las revelaciones de aquel año y, en efecto, fue una propuesta sorprendente y distinta, ajena a corrientes fílmicas de moda, al revés, todo en ella resulta evocador, poético, incluso dotado de un cierto halo literario. Ganó el Oscar a mejor guión adaptado y fue nominada a mejor película, actor principal y canción.