Noren nos vuelve a ofrecer una nueva reseña, esta vez se trata del cómic Las Tres Estrellas de Ingaar Imagen activaHabía pasado casi una década desde que la desaparecida editorial Grijalbo publicara la última aventura en castellano de Percevan (el número diez, El Señor de las Estrellas), un clásico del cómic de fantasía heroica, hasta que Norma Editorial decidió recuperar la serie en el año 2008, redistribuir el stock de álbumes, reeditar los números clásicos y lanzar los nuevos.
Creación de los guionistas franceses Jean Lèturgie y Xavier Fauche (éste último sólo en siete de los tomos) y del dibujante Philippe Luguy, Percevan apareció por primera vez en 1981 en las páginas de Gomme, una revista mensual destinada al público juvenil de la editorial Glénat. El éxito en Francia fue lo bastante importante para que hoy, veinte años después, esta saga de fantasía siga en activo y se pueda considerar con derecho propio una obra de culto y referente indiscutible en su género, gracias a, en palabras de la propia Norma Editorial, una "hábil combinación de aventura épica y fantasía, unida a elaboradas tramas y un dibujo minucioso e impactante". Con trece números editados en la actualidad (once de ellos en castellano) y uno en proceso, Las Tres Estrellas de Ingaar fue el punto de salida de las aventuras de Percevan, el clásico héroe apuesto y valiente, acompañado siempre por su fiel amigo Kervin, un gordo ingenuo y comilón, y la mascota de éste, Guimly, un pequeño roedor.

En Las Tres Estrellas de Ingaar el caballero Percevan es el heredero de una singluar piedra preciosa, una de las tres joyas de leyenda que, engastadas sobre la corona del antiguo líder guerrero Ingaar, hacen invencible a su poseedor. Esta historia no pasa desapercibida al ambicioso barón Piedramuerta, personaje peculiar que va siempre acompañado de su servil Polémic, que intentará por todos los medios hacerse con las tres piedras de Ingaar, empezando por arrebatarle la suya a Percevan, con ayuda de las indicaciones de su brujo Cienciencias. A partir de este momento, comienza una doble persecución: la de Piedramuerta en busca del resto de gemas y la de Percevan tras sus pasos para recuperar la propia. Y en el camino conocerá a quienes van a convertirse en sus compañeros de fatigas en lo sucesivo: empezando por el alegre Kervin, bufón y malabarista, pero también a la enigmática Balkis, originalmente subordinada a Cienciencias, objeto de deseo de nuestro héroe, sin olvidar naturalmente a los que serán sus enemigos más recurrentes, pero quizá no los más temibles, en el resto de sus aventuras.
La aventura de Las Tres Estrellas de Ingaar finalizará en el segundo volumen de la serie, El Sepulcro de Hielo, que llevará a los protagonistas hasta la tumba de Ingaar en Trondheim, donde reposa la corona del guerrero mítico.

Las Tres Estrellas de Ingaar, como obra inicial de la saga de Percevan, es simple, sencilla y directa. Cumple su cometido, presenta a los personajes, esboza un escenario y encaja la historia,… pero se revela ingenua y poco elaborada frente a los álbumes siguientes, que alcanzarán la cima con El País de Aslor o La Espada de Ganaël. Más adelante la saga vuelve a bajar severamente su listón, a partir de que Fauche abandone la serie (tras el octavo número, La Tabla Esmeralda). Coincide, curiosamente, con una evolución del dibujo de Luguy desde una línea clara, elaborada y limpia a una extraña mezcla de trazos sucios para algunas criaturas o los efectos mágicos que ya se había ido produciendo paulatinamente. Sea como sea, este estilo limpio de Luguy (que no línea clara), casi propio de Peyo, es el elemento destacable del dibujante para este primer álbum de la serie, además de la imaginería fantástica de objetos, edificios, lugares, artefactos y escenarios, detalladamente reproducidos a lo largo de la saga, desde las cabezas de Aslor hasta el barco congelado de El Sepulcro de Hielo, desde los bajeles de las arenas de El Arenal del Jerada hasta el castillo de Balkis, que surgen de la cabeza de los creadores de Percevan.
Las Tres Estrellas de Ingaar debe entenderse como lo que es: el primer número de una saga que se ha ido desarrollando a lo largo de veinte años, que ha evolucionado y que ha dejado su primer álbum muy lejos en su sendero de perfección. A nivel de dibujo el entintado estropea la limpieza del lápiz y la inmadurez de Luguy, un autodidacta del dibujo, es evidente en muchas ocasiones.
A pesar de estas puntualizaciones, las aventuras de Percevan se han ganado el título de cómic de culto merced al elaborado dibujo de Luguy y los inteligentes guiones de Fauche y Léturgie, ricos en situaciones de suspense, en los que la eterna lucha entre el bien y el mal cobra una nueva dimensión. Es, sin duda, una obra recomendable para todas las edades.