Es agradable descubrir que aún queda espacio para la originalidad y frescura en la literatura fantástica, después de leer decenas de novelas con los típicos planteamientos de héroes y dragones (algo de lo que no reniego, pero que en ocasiones cansa) encontrarse una obra como Puente de pájaros es francamente sorprendente.

 

{mosimage}Más sorprendente aún puede resultarnos el saber que esta obra, Puente de pájaros, lleva en el mercado casi veinte años, desde que ganase el Premio Mundial de Fantasía junto a Bosque Mitago, y, hasta la fecha e incomprensiblemente, ningún editor español había apostado por ella.

Puente de pájaros, repetiré el nombre de la obra varias veces para que no se os olvide, trata sobre las aventuras de Buey Número Diez, un joven e inocente campesino que debe buscar una cura para los niños de su aldea que han sido accidentalmente envenenados por lo que han caído en un coma que, a la larga, será mortal. En su búsqueda de una cura para los niños y por culpa de su inocencia Buey Número Diez contratará los servicios de un viejo sabio llamado Li Kao que cuenta con “un ligero defecto en su carácter”, defecto que iremos conociendo, para nuestra diversión, a lo largo de la novela y que convertirá a Li Kao en un personaje que perdurará en nuestra memoria.

Una vez que el sabio Li Kao descubre cuál es el remedio para la cura de los niños de la aldea de Buey Número Diez comienza una alocada y divertida búsqueda del remedio a lo largo y ancho de toda una China que, como bien reza la novela, nunca existió, aunque quizás debió hacerlo.

Así veremos destaparse a Li Kao como un pícaro sin escrúpulos que, poco a poco, va despertando a Buey Número Diez de su inocencia aunque sin perder de vista su objetivo último; la salvación de los niños.

Por la novela desfilarán una serie de historias, y de personajes, francamente divertidos que, de un modo u otro, estarán relacionados con una compleja trama que Barry Hughart no descrubrirá hasta prácticamente el final del libro.

Un detalle que conviene alabar de Barry Hughart es que sabe imitar a la perfección el estilo de narración oriental a la vez que lo adereza con un humor totalmente característico de la novela picaresca española (no creo ser el único que ha recordado El Lazarillo de Tormes leyendo Puente de pájaros), una mezcla que da como resultado una novela sencillamente perfecta llamada a convertirse en un clásico para el público de fino paladar.

Termino, ya que no quiero dar más detalles sobre la excelente trama de Puente de pájaros ni extenderme en mis halagos. Dejo al lector la misión de disfrutar de la originalidad y  afilado sentido del humor de Puente de pájaros, sin dar más pistas que empañen el buen hacer de un autor que había permanecido injustamente ausente de nuestro mercado y que gracias a Bibliópolis por fin ha llegado a España en una edición, como siempre, excelente.

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