La Tierra es plana, y quienquiera que rechaze esta afirmación es un ateo que merece ser castigado“, dijo el jeque Abdel-Aziz Ibn Baaz, suprema autoridad religiosa de Arabia Saudita, en una fatua del año 1993. No se me ocurre mejor ejemplo de lo peligrosa y malintencionada que puede ser la religión en manos de quienes tienen pocos escrúpulos.

Se están produciendo unos brutales asesinatos en Gotham City. Se diría que es un día cualquiera en el territorio de Batman, pero la aparición del diácono Blackfire y de sus acólitos auguran una de las aventuras más terroríficas y sangrientas de la historia del Caballero Oscuro.

Es evidente que lo malo no es Dios sino los que ejercen y deciden en su nombre. Cada uno, libremente, puede decidir creer en un Dios, o no, y eso es algo que debe quedar en el ámbito espiritual de cada ser humano, pero hay muchos que se aprovechan y toman el nombre de Dios en vano. Peor todavía, lo toman para sus propios intereses. Es el mercado de la fe y la religión, repleto de vendedores de espiritualidad y de milagros, telepredicadores, oradores y charlatanes que cuentan su versión fundamentalista de la religión aupados en un púlpito que ellos mismos se han levantado con mentiras y engaños. Frente a ellos, un rebaño de ignorantes, ingenuos, heridos, desperados, desesperanzados, perdidos y desorientados. En resumen: un negocio.

Los norteamericanos tienen un problema con este tipo de religión, que se ha extendido de forma exponencial gracias al hábil manejo de los medios y la capacidad de manipulación que tienen sus cabecillas. Mediante su actividad religiosa encubren un gran negocio, por el que ni tributan ni responden jurídicamente, y con el que están embaucando a una ingente cantidad de personas, saqueando sus cuentas bancarias a cambio de falsas promesas de curación o de solución de problemas de toda índole. La ciudad de Gotham City no es indemne a este fenómeno, y ni siquiera lo es Batman.

En las páginas de “Batman: La secta” (“Batman: The Cult“) veremos como la llegada del diácono Joseph Blackfire a la ciudad de Gotham City será bien recibida por la comunidad y también por Batman, pues el religioso parece una persona bondadosa, con un proyecto social y benéfico, muy necesario para la ciudad. Pero el reverendo no es lo que parece, ni mucho menos, pues a reunido a su alrededor a todos los indigentes, desheredados, mendigos, desarraigados y sin techo para crear un culto antinatural a su persona en las alcantarillas. Con este ejército de desaliñados y desesperados, el predicador planea tomar el control de la Gotham City, primero iniciando una campaña para acabar con todos los criminales de la ciudad y, después, asesinando a todos aquellos que se interpongan en su camino hacia el poder. El Caballero Oscuro también forma parte de sus objetivos, pero para él tiene un plan reservado: lo secuestrará, lo drogará y lo torturará hasta someterlo y atraerlo a las sombras. Nunca antes Batman había estado tan vulnerable e indefenso.

Escrita por Jim Starlin, al que conocemos sobretodo por la saga del Infinto de Marvel Comics, “Batman: La secta” aleja al Hombre Murciélago de sus enemigos habituales, villanos pintorescos como el Joker, Dos Caras o Hiedra Venenosa, y lo enfrenta a una realidad que existe en nuestra sociedad, en una inquietante novela gráfica dibujada por Bernie Wrightson que por el tono oscuro y siniestro que ofrece podría haber formado parte del sello Vertigo.

Considerado el maestro de los cómics de terror, el norteamericano Bernie Wrightson (1948-2017) había demostrado su dominio de las atmósferas terroríficas y su maestría con el dibujo en blanco y negro desde sus primeros trabajos profesionales, en 1970, en la revista “House of Mystery” de DC Comics dónde ya era palpable la influencia de Frank Frazetta, Reed Crandall y Graham Ingels en su obra, así como los clásicos cinematográficos del terror, tanto los de la Universal como los de la británica Hammer. Aquí Wrightson nos demuestra sus habilidades, aunque se aleja del preciosismo y el detallismo de su “Frankenstein” y se acerca al estilo de Frank Miller con ese trazo desdibujado. O esas constantes apariciones de pantallas de televisor como narrados omniscente. El color de Bill Wray, lamentablemente, no ayuda.

Esta edición de “Batman: La secta” que reseñamos aquí forma parte de la colección Grandes Novelas Gráficas de Batman de ECC Ediciones a través de la que la editorial está recuperando algunas de las obras más emblemáticas y populares de DC Comics. Y este cómic de Bernie Wrightson y Jim Starlin sin ninguna duda lo es, como también lo son los dos relatos extra que incluye el tomo, escritos por Ron Marz y Len Wein y dibujados por Bernie Wrightson, donde Batman emprende la búsqueda de Solomon Grundy en una historia explicada solamente con splash-pages y recibe la visita de la Cosa del Pantano en busca de venganza. Un par de historias cortas excelentes.

Batman: La secta” es una historia que se publicó originalmente entre agosto y noviembre de 1988, así que tiene la friolera de más de treinta y cinco años. Pero la historia que nos cuenta Jim Starlin y que nos ilustra Bernie Wrightson ha envejecido bastante bien y el paso del tiempo no ha resultado ser una losa, pues la crítica a quienes manipulan la palabra de Dios por su propio interés y el mesianismo de ciertos predicadores de la verdad sigue siendo vigente. Peor todavía: los trileros de las palabras han extendido sus tentáculos más allá de los púlpitos de las iglesias y las mezquitas y hoy ocupan lugares de gran responsabilidad en las empresas más poderosas, los gobiernos y las organizaciones que dirigen el mundo.

Batman: La secta
Guion: Len Wein, Jim Starlin y Ron Marz
Dibujo: Bernie Wrightson
Colección: Grandes Novelas Gráficas de Batman
Fecha de publicación: Febrero de 2024
Edición original: “Batman: The Cult” núms. 1-4, “Batman: Hidden Treasures” núm. 1
ISBN: 978-84-10108-32-5
Formato: Cartoné. Color.
Páginas: 256
Precio: 32,50 euros