Desde el inicio de la Guerra Civil el bando golpista buscó la aniquilación física y moral del enemigo. Las “hordas marxistas” debían ser las culpables de todos los desmanes acaecidos durante el conflicto, y había que denigrar para la historia todas sus actuaciones; la gestión del patrimonio artístico, como ilustra la investigación desarrollada por Arturo Colorado, no fue una excepción.

 Arte, revancha y propaganda
Arturo Colorado Castellary
Colección: Arte Grandes temas
Páginas: 512
Publicación: 15 de Febrero de 2018
Precio: 25,00 €
ISBN: 978-84-376-3790-7
Código: 160079
Formato: Papel

Tras la gran exposición en Ginebra de los fondos del Museo del Prado evacuados por el Gobiernos republicano durante la Guerra Civil, las obras  volvieron a España amenazadas, en esta ocasión, por el inicio de la Segunda Guerra Mundial, hechos narrados magníficamente en el libro de Arturo Colorado, Éxodo y exilio del arte. La odisea del Museo del Prado durante la Guerra Civil.

Pero en la inmediata posguerra, en su campaña antirrepublicana, el franquismo pivotó sus mensajes sobre dos comparaciones históricas, la del robo de los “rojos” con el saqueo napoleónico y la de la “nueva España” con la vuelta a las glorias del imperio. Era el irredentismo patrimonial, de “rescate de las obras robadas” durante la guerra o de reparaciones revanchistas de viejas deudas del enemigo francés, ahora vencido por los amigos nazis.

La acusación franquista del saqueo del patrimonio tuvo su continuación en la búsqueda de obras de arte, salidas unas por vía oficial hacia Suiza o Francia, por decisión del Gobierno de la República o de los Gobiernos de Cataluña y del País Vasco, y otras por vía del robo. El “rescate” franquista no diferenciaba entre una u otra salida, pero como bien sabían los responsables, las facilidades para cada caso eran diferentes. Las primeras fueron prácticamente entregadas por los republicanos, que comunicaron dónde se encontraban; las segundas, sin embargo, dependían de las detenciones de la policía francesa, de la colaboración de la Gestapo o de las denuncias llegadas a la Embajada.

¿Para qué leerte las quinientas páginas de este trabajo, si con las escasas veinte de las conclusiones puedes hacerte una buena composición de lugar y pasar a otra cosa? Pues, para conocer algo mejor a algunos monuments men españoles como Josep María Sert o Timoteo Pérez Rubio…, esperar con devoción el retorno de la Virgen de Covadonga junto a Carmen Polo en Irún o no sentir compasión ni por todo el “oro” del yate Vita

Este libro contiene una visión global de la política patrimonial del franquismo durante la postguerra española y la inmediata II Guerra Mundial. De forma muy minuciosa, recoge las actuaciones de los jerarcas del régimen para la recuperación de las obras de arte que habían salido –legalmente o expoliadas– de la península.

Primero, a través de una prensa controlada desde arriba, se vertieron falsedades y se orquestó una campaña de desprestigio contra la política de evacuación republicana del patrimonio artístico y de los organismos internacionales que la respaldaron. Después, desde las mismas plataformas, se vendió que los convenios de intercambio de obras con Francia eran una “justa” restitución.

El franquismo basaba su propaganda en la acusación contra el enemigo republicano, ya vencido y exiliado, como destructor y ladrón del patrimonio, al que había que perseguir hasta el último rincón del mundo, despojándole de sus bienes, aunque fueran privados –como muestran palmariamente las incautaciones sufridas por Nicolau d´Olwer, Portela Valladares o Ramón de la Sota–, y exterminándolo moralmente.

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 Lo cierto es que la República se vio forzada a la evacuación de obras a Ginebra por el peligro que corrían en Madrid, los bombardeos de la aviación nacional del Museo del Prado y del Palacio de Liria, o sobre los itinerarios en el momento del traslado, así lo confirman. Que el patrimonio artístico sufrió una merma considerable durante la Guerra Civil en una y otra zona, es también evidente. Pero lo que de verdad llama la atención es el comportamiento del vencedor en los años posteriores, el régimen franquista trató los tesoros patrios como su propia colección de cromos… Te cambió un Velázquez que tengo repe por la Dama de Elche, o media tienda de tu rey vencido Francisco I por unas coronas visigodas… Incluso, hubo momentos en los que se pensó regalar alguna obra de Goya (fuera cual fuera su procedencia) a los amigos alemanes, en el momento que sus ejércitos victoriosos parecían no tener parangón. Cuando las tornas cambiaron, viendo como los aliados cercaban al régimen nazi, la España Nacional trató de congraciarse con los futuros vencedores, ejemplo de ello fue la sorprendente propuesta franquista de “evacuación” de las dispersas piezas del Louvre a España tras el desembarco de Normandía.

Realizando un gran trabajo documental, el autor estructura la obra en seis partes, manteniendo el orden cronológico: desde los últimos coletazos de la Guerra Civil en 1939 hasta la victoria aliada en 1945. En la primera parte se analiza el éxodo de obras de arte, su “rescate” y la propaganda franquista; aquí es interesante ver el retorno del patrimonio artístico religioso, el recibimiento, con mucho bombo, se materializó en grandes procesiones que daban gracias a Dios y al Caudillo por tan gran acontecimiento. En la segunda, tras la vergonzosa derrota francesa y la creación del estado de Vichy, veremos como los gerifaltes nacionales refrendan un primer acuerdo para el intercambio de cromos. En la tercera parte, a caballo entre 1940 y 1941, las pretensiones españolas recibirán un importante espaldarazo por el apoyo del amigo alemán. La cuarta, “la hora de la revancha: 1941”, supone el momento del segundo acuerdo, con el germanófilo Serrano Suñer a la cabeza, se pretende humillar al vecino defenestrado, exigiendo la restitución del patrimonio expoliado, presentando el intercambio de piezas como una simple, histórica y necesaria restitución. En la quinta parte se detalla “la búsqueda sin tino” de obras por todo el mundo en los años centrales de la II G. M. Por último, el autor describe los postreros y torpes intentos del franquismo de congraciarse con los aliados.