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Seguramente uno de los musicales más injustamente olvidados en el imaginario colectivo. Es cierto que su argumento, en torno al proceso de deterioro personal de un coreógrafo y director de teatro adicto al trabajo, perfeccionista, egocéntrico y mujeriego que interpreta magníficamente Roy Scheider, no es el mejor gancho para atraer espectadores y también es cierto que, puestos a comparar, su director logró un resultado más redondo y memorable con «Cabaret» (1972); pero hay que reconocer que el trabajo en producción, montaje y en un guión en el que Fosse parece psicoanalizar tanto a su profesión como a sí mismo (al modo que Fellini hizo en «Ocho y medio»), son sobresalientes. Además como musical funciona bastante bien con números quizás no tan populares como los de otros clásicos, pero con una fuerza innegable que deben formar parte de cualquier antología del género (y son un puñado entre los que destacan el Opening, el número final y el «Take off with us»). Particularmente me gusta menos su tramo final, más dramático, que se regodea con cierta ironía en el estado terminal del protagonista, pero debo reconocer que es una película en cierto modo hipnótica. Consiguió 4 óscars (mejor montaje, canción original, diseño de producción y vestuario) y recibió otras 5 nominaciones (mejor película, dirección, actor principal, guión original y fotografía).