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No es una película redonda, de hecho me cuadraría como piloto de una serie en la que se ahondara más en los personajes y sus problemas, pero agradezco su capacidad para conmover, el esfuerzo en la producción, que se palpa en cada fotograma y lo bien desarrollada que está, sin decaer en ningún momento. Cuenta tres historias más o menos relacionadas sobre un niño que trata de huir de su país de origen en África hacia Europa, de un activista medioambiental con problemas personales y de un policía que trata de sobrellevar el conflicto diario con aquellos que tratan de saltar la valla de Melilla y con quienes le ordenan que los detenga. Funciona mejor la aventura de Adú que las otras dos historias, pero las tres ofrecen una buena visión de conjunto. El trasfondo, lógicamente, la inmigración y la situación en África, pero con el foco puesto en lo cotidiano y concreto, en varias personas que tienen que afrontar problemas muy de hoy. Me gusta que la película no sentencie y sólo describa, me gusta que los personajes me lleguen y me emocionen por momentos y me gusta que quede patente que la realidad es compleja y dura, aunque es evidente que podría ser de otro modo si se aprovechara la voluntad de quienes quieren ayudar a los demás, que los hay.