En un universo fílmico en el que las películas de superhéroes son uno de los pilares fundamentales de la industria cinematográfica (sobretodo de Estados Unidos) “Joker” es a la vez una vuelta de tuerca que amplía las posibilidades del género (no sólo estilísticas sino también comerciales) y una osada propuesta personal próxima al cine de “autor”. Ello unido a su tono oscuro, tenebroso y a su capacidad para impactarnos e incomodarnos como espectadores la convierte, sin duda, en una de las películas más interesantes no sólo del 2019 sino de los últimos años. ¡Cuidado! Exige verla siendo consciente que no es un relato amable sino todo lo contrario, un drama intenso y en muchos momentos despiadado que cuenta muy pegado a lo verosímil, la génesis y gestación del archienemigo de Batman y lo hace dejando claro que todo individuo se forja condicionado también por su contexto.

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Título original: Jocker
País: Estados Unidos
Duración: 121 minutos
Guión: Scott Silver y Todd Phillips
Dirección de Fotografía: Lawrence Sher
Música: Hildur Guðnadóttir
Edición: Jeff Groth
Productores: Bradley Cooper, Todd Phillips, Emma Tillinger Koskoff,
Compañías productoras: DC Comics, DC Entertainment, Join Effort, Warner Bros.
Reparto: Joaquin Phoenix, Robert De Niro, Zazie Beetz, Frances Conroy, Brett Cullen, Bill Camp, Shea Whigham, Dante Pereira-Olson, Douglas Hodge, Jolie Chan

 

Ignoro alguna información de este “Joker” que me parece muy relevante y que seguramente resolveré con más tiempo y lectura y que quizás vosotros sabéis. Me pregunto por ejemplo si forma parte de algún plan maestro como el de Marvel pues sí sé que DC Cómics anda detrás de la producción, pero intuyo que es más bien una iniciativa personal del director Todd Phillips (también productor junto a Bradley Cooper y Emma Tilinger Koskoff) que ha partido del personaje para construir un drama negro cargado de crítica social. Me pregunto también si caso de serlo o caso de que vaya bien en taquilla (que seguro que sí por las cifras que ya se manejan) se plantearán una continuación, lo cual me parecería interesante aunque yo de ser Todd Phillips lo evitaría y dejaría todo tal y como ésta, que posiblemente en unos años y con la perspectiva que da el tiempo hablemos de obra maestra.

Haya o no un plan maestro oculto lo que sí me parece es que la cabeza pensante que haya urdido esta película (y volvemos a encontrar a Todd Phillips junto a Scott Silver en el guión) ha dado en el centro de la diana. Recapitulemos y pensemos un poco: ¿Todd Phillips en la producción, dirección y guión?…..Pues salvo que alguien me lo desmienta esa cabeza pensante es la del también director de “Resacón en las Vegas” y yo me quito el sombrero figuradamente para rendirle honores porque ha hecho una de las mejores películas del superhéroes, del año, de la década, del siglo…

El personaje del cómic, el Joker, es en esta ocasión un punto de partida para hablar de muchas cosas y desde una perspectiva distinta a la habitual. Se evita el planteamiento de relato típico de superhéroes y el formato es el de un drama personal con una cierta exploración psicológica (dentro del género lo más parecido que recuerdo son los Batman de Chrisopher Nolan). La película habla sobre la génesis del Joker, sobre cómo cambia su alter ego y se transforma hasta convertirse en lo que acaba siendo, es el viaje a la locura de un ser inadaptado, desamparado, arrinconado… Aunque no justifica en ningún momento sus actos sí los explica y les da sentido. Se produce una conexión muy especial con el espectador porque aunque no llegamos a simpatizar con Arthur Fleck si empatizamos con él y entendemos el porqué de sus reacciones (entender a alguien no significa que compartas lo que hace, dice o piensa). En todo momento se subraya que tiene un trastorno, un problema de personalidad y eso hace que mantengamos una cierta distancia, pero la película consigue que le entendamos, que lo veamos también como una víctima del sistema.

A partir de esa idea de que el malo no es sino que se va haciendo, van surgiendo más reflexiones conforme se ve la película y es que los “buenos” no parecen tan buenos (o no siempre lo son) ni la sociedad que formamos entre todos es siempre el lugar confortable, humano y solidario que pretendemos sino todo lo contrario. Me parece magnífico en esta película como se explica visualmente la forma en que una ciudad y una sociedad puede convertirse en un contexto inhumano y como la insolidaridad, el abandono, la falta de afecto terminan siendo caldo de cultivo de la insatisfacción, el desamparo y el deseo de revancha.

Son conceptos que el guión va desarrollando de forma invisible, pero que están ahí conforme vemos todo lo que le ocurre a Arthur Fleck y está todo subrayado con sumo acierto por una puesta en escena calculadísima, con una atmósfera asfixiante a la que contribuyen cada plano, cada posición de la cámara y una fotografía a mi juicio espectacular. El tono negro, oscuro, terrible en muchos momentos que consigue la película partiendo de lo verosímil la hacen mucho más escalofriante. Digamos que la ves en un continuo desasosiego, reaccionando con sorpresa ante cada calculado respingo (que hay varios y muy potentes) y aunque abruma en cierto modo se ve con creciente interés. Sí apuntaría que no es una película para cualquier público, está pensada para que la disfrute únicamente un público adulto, reflexivo y con tripas suficientes para encajar la asfixia en la que se ve sometido el protagonista.

Por buscar un referente muy obvio con el que podáis manejaros (y creo por ello que la elección de Robert de Niro como secundario no es casualidad) esta película recuerda a “Taxi driver” en la que también veíamos un Nueva York (Gotham también es Nueva York) nocturno, amenazador, oprimente y a un personaje inadaptado, Travis Bickle, veterano de Vietnam, que trataba de encontrar su sitio. En esta ocasión yo diría que Fleck es como Bickle, pero el guión va mucho más allá porque en su desamparo apunta como responsables de su deriva a la sociedad, al poder, a la economía y a los medios de comunicación. Hay un transfondo de crítica social muy potente que debe hacernos reflexionar sobre a dónde estamos conduciendo nuestro mundo porque no es sólo que Arthur Fleck tenga un problema, es que nadie le ayuda a resolverlo (las escenas con la asistente social son muy claras al respecto).

En ese viaje a la locura (que también recuerda ligeramente a “Apocalypse now” por cierto) resulta fundamental la actuación de un portento de la interpretación que es Joaquin Phoenix y que si hay justicia (y la habrá) debería ganar este año todos los premios (óscar incluido). Resulta fascinante contemplar cada primer plano, cada gesto, cada mirada. A veces contenido, a veces calculadamente sobreactuado, a veces histérico, otras calmado, el actor da un recital de interpretación aprovechando un personaje que es un caramelo y que le proporciona escenas que van a ser icónicas y que recordaremos por muchos años como esas en las que baila por las escaleras o por la calle, a menudo con la música de Frank Sinatra sonando como acompañamiento.

Como ocurre con cualquier película lo mejor es verla y ésta la recomiendo aún con las reservas de advertir que no es lo que se dice “agradable”. Lo que identifica a este “Joker” es fundamentalmente su capacidad para helarte el rictus, para congelarte el ánimo y producirte desasosiego; pero está tan bien hecha que no puedes sino salir del cine con la seguridad de haber visto una gran película. Lo que sí tiene gracia es que las mejores películas del universo D. C. no sean las que forman parte de su universo cinematográfico.